El Partido Acción Nacional enfrenta en Aguascalientes un punto de quiebre que no admite simulaciones. La definición de su candidatura a la gubernatura no es un trámite interno, sino una decisión que puede confirmar si el partido aprendió algo de sus errores o si sigue atrapado en la lógica de la soberbia que históricamente le ha costado votos, territorios y credibilidad.

Durante más de dos décadas, el PAN gobernó Aguascalientes bajo la premisa de ser una fuerza política distinta: orden, disciplina y cercanía con la ciudadanía. No obstante, en los últimos años esa narrativa comenzó a erosionarse. La pérdida de posiciones clave, el crecimiento de Morena en elecciones federales y el desgaste de figuras impuestas desde cúpulas partidistas evidencian que el panismo local ya no juega solo ni con ventaja automática.

En este escenario, la posibilidad de dejar fuera al senador Toño Martín del Campo ha encendido alertas dentro y fuera del partido. La advertencia lanzada públicamente por Xóchitl Gálvez no es menor: excluir a un perfil con posicionamiento probado y trayectoria electoral sería insistir en una práctica que el PAN ya pagó caro en el pasado, cuando decisiones internas desconectadas del ánimo social terminaron debilitando su hegemonía.

La historia electoral de Aguascalientes es clara. Cada vez que el PAN cerró filas sin escuchar a su base, abrió grietas que fueron aprovechadas por la oposición. Hoy, con una ciudadanía más informada y menos dispuesta a respaldar marcas partidistas por inercia, el margen de error es mínimo. Morena no necesita crecer de manera extraordinaria; le basta con que el PAN se equivoque.

La permanencia de Martín del Campo dentro del blanquiazul, pese a haber sido relegado en procesos anteriores, contrasta con la conducta de otros actores que optaron por migrar de partido para conservar espacios de poder. En un contexto nacional donde el oportunismo político es una constante, la lealtad dejó de ser un valor romántico y se convirtió en un factor político real, especialmente ante un electorado cansado del reciclaje de figuras.

El riesgo para Acción Nacional no está en la competencia externa, sino en su incapacidad para leerse a sí mismo. Insistir en perfiles sin respaldo ciudadano, o repetir el esquema de decisiones cupulares, podría convertir a Aguascalientes en el siguiente ejemplo de cómo un bastión histórico se pierde por errores propios y no por méritos ajenos.

La definición de la candidatura será una prueba de supervivencia política. Si el PAN vuelve a actuar con arrogancia interna, no solo pondrá en riesgo la gubernatura, sino que confirmará que su mayor adversario sigue estando dentro del partido. En política, la memoria pesa, y en Aguascalientes, la factura suele cobrarse en las urnas.

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